Por una democracia-social. Parte 2

El viento ha cambiado.

Hace ya casi 50 años a mediados de los años 70, cuando parecía que el mundo había aprendido de los desastres de las dos guerras, un pensamiento conservador disfrazado de liberalismo se fue convirtiendo poco a poco en un gen, hegemónico.

Después de tres décadas de consenso socialdemócrata de distinta sensibilidad en Europa e incluso en Estados Unidos que permitió, no sólo la reconstrucción europea tras la Segunda Guerra Mundial sino la construcción de un potente Estado del Bienestar en los países de Europa Occidental, un aire ¡dirigido!; fue cambiando el ambiente.

Con su triunfo en las elecciones, el año 1979 en Inglaterra, Margaret Thatcher y el de 1980 que llevó al poder al actor Ronald Reagan en Estados Unidos y, esto es importante, apoyados en el pensamiento incubado en la London School of Economics en un caso y en la Escuela de Chicago por otro, se puso en práctica un ideario ultra-liberal que consiguió imponerse con contundencia excluyente, aprovechando el desconcierto intelectual que se produjo, sobre todo tras la caída, por fin, del muro de Berlín en 1989.

La socialdemocracia poco a poco se vio disminuida, por el abuso de un socialismo-comunista, que había confinado a una parte enorme del planeta tras un telón.

Una dictadura en toda regla.

Es importante entender que todo se fragua con mucho tiempo de antelación y que siempre ponen en práctica las ideas y teorías, otros, que unas veces hacen el bien y otras el mal.

Un ejemplo claro fue el fascismo de Mussolini inspirado en los movimientos de los artistas futuristas italianos y en la vuelta a una añorada Roma.

O el salvaje nazismo, utilizando de forma terrible a filósofos como Friedrich WNietzsche o Martin Heidegger, responsables sólo de pensar.

Son siempre los poderosos quienes aprovechan a políticos, curiosamente descerebrados (algo en lo que nadie cae en la cuenta – podríamos citar muchos nombres hoy mismo), quienes utilizan las ideas a su conveniencia.

¡Atención!

Observemos con precaución los mensajes simples y salvadores de patrias y todo lo que se ponga por delante.

En cualquier caso, de forma inevitable, el tiempo lleva siempre una dirección.

Con la bandera de una libérrima economía, es decir en muchos casos sálvese quien pueda, y con el mensaje:

Los mejores son los que deben recibir más, y bla bla bla”, apareció y aparecerá, la próspera privatización de los recursos de todos, sin atender bien a los realmente imprescindibles que ahora se ven con más claridad.

Y cuando nos digan de nuevo: ¡Las empresas privadas gestionan mejor!

¿Todas?

O,

¿A veces sí, y, a veces no?

Y,

Fue entonces cuando,

Se esparció la semilla de la muerte de “la utopía de lo colectivo”.

Esto no fue así en todos los países, pero sí lo fue el intento empeñado en descalificar a empleados públicos y caricaturizar todo lo que fuera apoyo a los impuestos como único tratamiento para la protección social.

¡Qué los profesores y los médicos ganen mucho dinero en la privada!

¡Ole!

¡Y también en los bancos!

Por favor:

Por este sueldo,

¡Yo no, puedo trabajar! 

¡Qué, os habéis creído!

Pero los ricos también lloran.

El término socialdemocracia nació aplicado a un partido político dotado de un programa tendente al socialismo.

Fue Alexis de Tocqueville quien en su libro “La democracia en América”, introdujo en el siglo 19, el concepto “democracia social”, casi al mismo tiempo de Marx acuñaba el de “democracia económica” y los hermanos Webb el de “democracia industrial”.

“La socialdemocracia moderna podría definirse como el abanico de opciones políticas que, basándose en la democracia liberal parlamentaria, enfatizan los valores relacionados con la mayor igualdad y solidaridad y que sin repudiar el capitalismo que es reconocido como motor de la economía y de la prosperidad, propone la existencia de un Estado suficiente para regular los mercados y controlar las inequidades que pueda producir.

Mantener una red sanitaria y cobertura social que evite que los ciudadanos se abismen por debajo de un determinado umbral y sostener los servicios de la misma calidad que los privados, o más, que garanticen la igualdad de oportunidades en el origen y cuiden de aquellos a los que tarde o temprano les va mal”. 

Extracto de “El futuro de la Socialdemocracia” de Antonio Papell

Por cierto nadie está libre de ese asunto:

¡Que te vaya mal!

Eso se olvida cuando te va demasiado bien.

Hoy se ve con claridad, porque nos toca de cerca, muy cerca, que los estados con un gran desequilibrio entre diferentes niveles de renta tienen un futuro negro.

Hacer compatible de una vez, la fuerza de la iniciativa privada, con un estado de bienestar es la tarea principal ahora. Lo que no sabemos si esto está en la mente de muchos de nosotros.